Modo Subjuntivo (Falsos Amigos #1) es el inicio de una serie de thrillers psicológicos ambientados en una escuela de idiomas en Málaga.
Bianca vive en Sudáfrica cuando conoce a Ramón, un profesor de español tan carismático como inquietante, cuya fascinación por la gramática y el control va mucho más allá del aula. Cuando él la invita a incorporarse a Instituto Guerrera, el traslado parece una oportunidad de reinvención: un nuevo idioma, una nueva ciudad, un nuevo comienzo. Pero dentro de la escuela, todo funciona con un equilibrio demasiado preciso: influencias silenciosas, dependencia emocional y normas que nadie explica del todo.
A medida que Bianca se adapta, las fronteras entre orientación profesional y manipulación personal se difuminan. El lenguaje deja de ser solo aprendizaje y se convierte en un mecanismo para moldear conducta, decisiones e identidad.
Una historia de poder, sugestión y presión psicológica, inspirada en dinámicas observadas en una escuela real. Y el primer paso hacia algo más grande: en esta serie, la gramática no es un adorno; es estructura.
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Según 5 reseñas, la calificación es de 4.0 de 5 estrellas
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Reseñas
Modo Subjuntivo no explica todo de forma directa y deja muchas situaciones abiertas a distintas interpretaciones. Más que dar respuestas claras, sugiere posibilidades y obliga al lector a pensar y completar los vacíos. Esa ambigüedad no es un defecto, sino parte de su fuerza. Es una novela intelectual y algo inquietante, que invita a releer ciertos pasajes y a cuestionar lo que realmente está ocurriendo.
Modo Subjuntivo es un libro emocional y, por momentos, difícil de leer. No porque sea un drama evidente o insistente —todo lo contrario—, sino porque casi nada se dice de forma directa. Mucho se sugiere, se deja caer en frases sueltas, en comentarios que Bianca o Ramón dicen y que siguen resonando después. Es una novela que gana con distancia y relectura. A segunda vista, me pareció algo muy especial.
Modo Subjuntivo exige ser leído con atención. Empieza casi como algo poético, contenido, y poco a poco vira hacia un thriller de combustión lenta. No hay prisas ni golpes evidentes, todo se construye por capas. Me recordó, de forma extraña y difícil de explicar, a Manuel Vázquez Montalbán: no por el estilo, sino por la atmósfera y la inteligencia del ritmo. Es distinta, pero se queda rondando.
Modo Subjuntivo se siente bastante intelectual, pero eso es parte de su fuerza. No es un thriller convencional: avanza a través de ideas, tensiones psicológicas y detalles que te obligan a pensar. La noción de que el lenguaje pueda usarse para influir o manipular resulta inquietante y muy fascinante. No es para leer con prisa, pero engancha precisamente por lo diferente que es.
Modo Subjuntivo me gustó, aunque hubo momentos de confusión. No todo queda claro y muchas preguntas permanecen abiertas, pero da la sensación de que se responderán en los siguientes libros de la serie. Quizá sea una cuestión de acostumbrarse a este estilo de escritura, más sugerente que explicativo. No es una lectura fácil, pero sí provocadora y con personalidad.